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miércoles, 26 de diciembre de 2012

El gigante de piedra parte 1

Capital del Reino de Thundera
Hace unos años

-¡Vamos Snarf! Mejor que sea por ese camino.

-¡Miau miau!

-¿Qué quieres decir con que es demasiado estrecho?

¡Zuuumb! La bolsa del encapuchado se atoró en la salida del callejón.

-¡Niif!

-Oh, no empieces…

-¡Eh tú!, detente he dicho. El primer guardia saltó con agilidad y desgarró la bolsa soltando decenas de redondos panes de diversos tamaños, un gran pedazo de jamón, condimentos y envases de conserva que se reventaron en el suelo sucio, el segundo guardia saltó imitando al primero para atrapar al encapuchado, con un movimiento rápido, el fugitivo se escapó, dejando que el segundo guardia quedara encima del primero, golpeando aparatosamente sus cascos de metal.

-¡Genial, simplemente genial! ¿Saben lo que me costó reunir toda esa comida?

Otros guardias aparecieron, dándoles una encerrona, aún con esos inconvenientes y liberado del peso de la bolsa, aun llevando otra, el encapuchado dobló en la bifurcación y se ocultó entre las sombras, Snarf estaba inquieto metiéndose en las ropas del adolescente.

-¡Allí! Le apunto uno de los guardias con su dedo índice, alertando a sus compañeros.

-Oh rayos. ¡Corre Snarf!

-Niff, niff.

Entre los intrincados pasillos se desviaron de la ruta, acabando en un callejón del que no había escapatoria. Sobre las construcciones de las casas, un grupo de extraños siguieron a su presa.

-¿No podríamos discutirlo mejor chicos?

-Príncipe Lion-O, será mejor que regrese a palacio, cuando su padre se entere de lo que hace en este lugar va a castigarlo severamente.

-Si ustedes le dicen una palabra.... no seré el único en caer.

-Escucha niño, solo debemos regresar a palacio, no tenemos que ponernos serios.

Lion-O trepó con sus garras sobre las paredes de ladrillo con suma facilidad, dejando a los guardias boquiabiertos, suponiéndole débil y frágil, fue cuando se dio cuenta de que uno de sus guardias tenía agarrado a su gato por la cola, quien peleaba por liberarse sin mucho éxito con sus pequeños dientes.

-¡Cuidado con tus manos bellaco!

-Si tenemos que romperle el cuello a este tonto gato lo haremos príncipe, nadie dará un sestercio por él, así que baje de una buena vez.

-Como te atrevas a tocarle un pelo desearas no haber nacido. La amenaza no surtió efecto en ellos.

-Para eso tendrías que ser rey, con esta actitud el príncipe Tygra será quien se convierta en el nuevo rey antes de que te des cuenta pequeñajo.

-Tú eres un soldado horrible, te voy a mantener en mi lista de personas indeseables. Los guardias se rieron nuevamente desatando la furia del príncipe Lion-O, siendo atrapado por soldado que lo aferró entre sus brazos por detrás.

-Déjame ir patán.

-Ja, te tengo escurridizo cabeza de chorlito.

En los techos de las casa contiguas, ocultos por la oscuridad, un grupo de ojos se enfocaron en el muchacho y los soldados con los que luchaba. Los encapuchados indicaron la mejor estrategia a seguir valiéndose de señas, sacando largas espadas intentaron hacer un movimiento en conjunto, para su sorpresa, fueron rodeados por los clérigos de Thundera, quienes aparecieron envueltos en largas túnicas blancas.

Un clérigo puede desafiar las leyes de la velocidad, romper paredes con sus manos desnudas, convertir un simple bastón en una arma prodigiosa, aún así, no fueron capaces de alcanzar a un enemigo que de un increíble salto desapareció de su vista.

Cheetara estaba segura de que lograría atraparles, les siguió durante horas desde que entraron en la ciudad, no fue así, eran difíciles de ver, de rastrear y el ruido en su mente producto de sus hechicerías, le hacía difícil centrarse lamiendo un poco de sal para contrarrestarlo, uno de los clérigos le llamó la atención para que desviase la mirada.

 El rey de Thundera, Claudus Rugido de Fuego, le quitó al guardia el gato de Lion-O sin miramientos.

-Es él Cheetara, susurró su compañera dándole pequeños codazos, la luz alumbró la larga cabellera roja del príncipe Lion-O que se desperdigó sobre sus hombros cuando su padre con severidad le quitó la capucha.

“¿Qué estás haciendo aquí Lion-O?” Se preguntó la clérigo, observándole con sus intensos ojos color rubí, notando a su viejo maestro Jaga entre los guardias que escoltaban a su majestad.

-¡¿Qué rayos estás haciendo aquí a estas horas?! Apenas te has aliviado y ya vas a por más. ¿Sabes lo que es salir de una reunión importante para resolver personalmente cada una de tus tonterías? El rey dijo con enojo sosteniendo la bolsa desgarrada donde el príncipe llevaba comida.

-No son tonterías. Lion-O bajó la cabeza hablando en voz baja.

-¿Ya, entonces ahora robas comida? El rey estaba de tan mal humor que Snarf lo pagó, siendo zarandeado con fuerza con cada gesto y expresión de Claudus.

-¿A qué se refiere? Cheetara le dirigió una mirada a Keos que se rascó la nariz por debajo de su manto, ella había seguido al príncipe e incidentalmente se encontró en el mismo punto con Cheetara y los demás clérigos que perseguían a los intrusos.

-Le ha dado por alimentar a los perros callejeros, se ha llevado parte de la comida para los embajadores de los señores feudales, ya no le bastan sus excentricidades con esos fierros, le ha dado por ser un buen samaritano.

Cheetara comprendió el enojo del rey con su hijo, quien le recordaba constantemente su falta de carácter, lo menos que a ella se le ocurriría sería alimentar a otras razas, aunque Jaga parecía complacido con el gesto de bondad del joven rey, más que eso, parecía incitarle a ese comportamiento extraño que siempre le caracterizó.

-Si quieres darles algo, usa tu mesada, no robes la comida. El adolescente hizo una mueca, dando a entender que la había usado en eso precisamente.

-¿Debes estar bromeando niño? Esta nueva locura tuya… si piensas que no se les da lo suficiente, no es distinto a insultar a tu propia raza, ya es mucho con que les demos refugio y cobijo.

-Pero padre yo…

¡Plaf! El rey abofeteo severamente al chico que intentó replicarle, dada su frágil condición, que le hacía mantener reposo en cama, el solitario y rebelde príncipe de pronto se sintió sumamente pesado y sus ojos se cerraron. Cheetara se lanzo en el acto al vacio cachándole entre sus brazos, seguida por Keos, quien tembló ante la severa mirada del rey.

Era la primera vez que Cheetara tenía contacto directo con el príncipe, quien respiraba entrecortadamente, manteniéndole así pudo sentir su débil complexión, difícilmente reconocía rasgo alguno de su padre y la belleza tan particular que emanaba de él, correspondía por entero a la de su frágil madre, tanto era así que se preguntaba si con esa debilidad heredada, podría ser alguna vez un verdadero rey.

Luego de unos momentos de confusión, abrió sus ojos azules que adquirieron un aspecto enojado, empujando a Cheetara, se levantó mostrando esa chispa de su explosivo carácter, que incluso al rey intimidaba por ser tan parecido al de su difunta esposa.

-¿Por qué me pegas? No he hecho nada malo, sólo quería ayudar. Claudus apretó los dientes con la reprimenda de su propio hijo, volvió alzar la mano, el joven príncipe tembló cerrando sus ojos, el rey, quien estaba dispuesto a darle una severa lección al príncipe, se quedo impresionado del clérigo que se interpuso entre él y el chico con los brazos abiertos.

-¡¿Cómo te atreves?! El rey a punto estuvo de sacar su espada del cinto, Jaga se lo impidió.

-Su majestad, no es un buen momento… tenemos que irnos ya, Jaga murmuró a Claudus ante la gente que se fue reuniendo a su alrededor.

Lion-O escupió sangre de su boca y comenzó a toser incontroladamente, el otro clérigo lo tomó entre sus brazos cuando nuevamente se derrumbó al piso.

-Ni siquiera te has recuperado completamente, a este paso jamás serás rey.

El rey se aproximó hacia el príncipe y con la mano apartó a Cheetara.

-Descuida, no voy a hacerle daño.

Le tomó con mucho cuidado entre sus brazos, mientras la clérigo rebelde le limpió la sangre de boca.

-Pequeño inconsciente, pero si estas ardiendo en fiebre, no saldrás de palacio hasta que te recuperes, ¿por qué no eres más como tu hermano?

-¿Por qué tendría que ser como ese idiota? Respondió cerrando lentamente sus ojos, declaración que pareció molestar a la clérigo.

-¡Jaga! Espero que entrenes mejor a tus clérigos, no me gusta su actitud.

-Lo siento, no volverá a pasar su majestad, le castigaré severamente.

-¿Y tú, no tienes que decirle algo a tu salvador Lion-O? El príncipe miró al clérigo que le había defendido brindándoles una amable sonrisa, aunque no pudo ver su rostro, extendió su brazo y metió su mano debajo del velo con que se cubría la cara, acariciando su mejilla.

-Gracias. Cheetara bajó la cabeza con suma humildad mientras su corazón latía como si hubiese caminado durante días sin descanso.

Cuando el rey se lo llevaba en brazos, algunos cachorros de perro que le siguieron desde los barrios bajos de la ciudad, se despidieron de él.

Ante su insistencia con un gesto, el adolescente y príncipe heredero de Thundera, fue dejado por su padre, con sus catorce primaveras era el vivo retrato de su madre, lleno de compasión y sin distingo entre razas, tenía una cualidad que si bien era tolerable en una reina, en un rey era signo de estupidez y eso le preocupaba más que su extrema debilidad física, no era el primer rey que nacía con una condición difícil, el mismo Claudus había sido honrado con el nombre de uno de los más grandes reyes de Thundera, cuya cojera no opacó su excelsa y legendaria obra política y brillantez militar, incluso él, no se atrevía a esas actitudes con otras razas.

-¡Por los ancestro, está bien! De todas maneras esa comida nadie la querría en ese estado.

Un soldado le entregó las bolsas a uno de los pequeños indigentes que inmediatamente fue empujado por otro más próximo a ellos, quien con la parte baja de su lanza los llevó hasta la entrada de los barrios bajos donde residían.

-Estas locuras deben terminar Lion-O, rodearte de indigentes, ser estafado con esos ridículos objetos que compras, ya no puedo darte dinero pensando que lo despilfarrarás en un montón de perros, ¿qué seguirá… lagartos?

La gente murmuraba, Jaga cubrió al muchacho con una túnica, poniendo a Snarf en su regazo, la comitiva partió siendo guiado por un león de aspecto temible y musculoso que llevaba a una persona de una larga cabellera roja, el viejo consejero del rey miró con desaprobación a sus clérigos que observaban la escena, olvidándose de su deber, suspiró con pesar.

-¡Rayos, esto es malo Chee! Me pregunto si en verdad se atreverá a castigarte, Cheetara recobró la compostura siendo arrastrada rápidamente por su compañera escalando al techo donde los demás clérigos esperaban.

-Por cómo se movían, yo diría que ya deben estar en la otra punta del planeta, ¿Quienes rayos habrán sido?

-¡¿Quéee?! Cheetara seguía perdida.

-¿Cómo que quienes? ¡Los fugitivos mujer! Ya tuviste tu momento de gloria, regresa al mundo de los mortales, regresa, ¡oh no!, te perdemos, noooo. Keos la zarandeó como si fuese una desahuciada en sus últimos momentos partiéndose de risa.

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Tiempo después

Cheetara dio varias vueltas a la ciudad encontrando pistas de los veloces intrusos, Jaga observó el particular calzado que desaparecía en una de las laderas de la muralla, acariciando su barba su expresión no dejaba ver ninguno de sus pensamientos.

-"Al parecer" escaparon por aquí. Remarcando la frase Jaga respiró conspicuamente.

-Yo también lo creo maestro, Keos acarició la tierra describiendo las marcas por donde escalaron esos intrusos.

-Sí, aunque es curioso.

-¿Qué cosa maestro?

-Por el calzado.... incluso con una cuerda sería difícil de lograr en el tiempo que emplearon.

-Quizás hayan tratado de confundirnos dejando el rastro previamente, aún así… estoy segura que esto lo hicieron no hace mucho y si no mal recuerdo, cuando hice el recorrido persiguiéndoles, este rastro no estaba aquí.

-Te creo y la solución puede ser más sencilla de lo que imaginas Cheetara.

-¿Y cuál sería? Jaga sonrió y le puso la mano sobre la cabeza.

-No importa en estos momentos, ya han tenido bastante para un día, vayan a descansar.

-Si maestro.

Siendo un guepardo sonaba absurdo, pero no estaba de menos decirlo, sus pies no parecían los suyos, con la magia de los clérigos aprendió a mantener su velocidad, aún así, el dolor físico no podía ocultarse, sudaba por todos y cada uno de sus poros, tener encima que vigilar al heredero era una tarea demandante, Jaga lo consentía, si desease no habría nada que el príncipe pudiera hacer para escabullirse.

Pensando esto y aquello una mano rozó su hombro, descubriendo que no había nadie, hasta que algo rozó su mejilla.

-Espera, espera, soy yo, Tygra había aparecido de improvisto con el bastón del clérigo en su cuello, sostenía una rosa en la mano.

-¿En el nombre de los ancestros, qué se supone que haces aquí?

-Con un “hola” bastaría.

-Te enseñé esa magia para que usaras el látigo de Tygus en actividades militares, no para que espiaras a las chicas.

-¿Y quién habla de espiar? Esto es una muestra de que puedo manejarlo sin problemas.

-Si Jaga se entera de que saqué ese libro sin su permiso va a expulsarme.

-Estas exagerando, tu eres su mejor alumna.

-¿Recuerdas a esa leona empalagosa que te seguía a todas partes?

-¿Pamhela? ¿Qué tiene eso que ver?

-Ella era la mejor de mi clase y Jaga la expulsó sin dudarlo un instante.

-Culpa a su padre de ello, además, no era más que una chica boba, no tienes que ponerte celosa.
Cheetara se puso de mal humor y lo hizo a un lado.

-Idiota. El joven tigre sonrió ante el puchero de esa maravillosa chica de cabellera amarilla como la mantequilla.

-Para servirte. Se rió haciendo una reverencia, lo que hizo que ella le devolviera una mirada coqueta.

-Me preguntaba, ya que el baile de primavera se acerca si tu…

-¿Si yo…? Cheetara miró con su misteriosa sonrisa a Tygra, quien de pronto empezó balbucear, parecía que había perdido el valor reunido con tanto ahincó.

-Bu-bue-bue-bueno, qui-quie-ro, de-de-decir… Tygra se desmayó cayendo al suelo.

-Dicen que soy hermosa, que cautivo a los felinos, pero esto es ridículo Tygra. Cheetara dio palmadas en la cara del tigre completamente desvanecido, su sonrisa desapareció cuando por la expresión en su rostro, supo que no era un juego.

Los sonidos de los guardias desvaneciéndose le hicieron contemplar una luz que fue rodeando el palacio, hasta que una poderosa explosión resonó en una de las alas de palacio, donde las habitaciones del príncipe se encontraban, viéndose obligada a abandonar a Tygra en plena calle.

-¡Keos, Fimir, Akhela! Cheetara a toda velocidad se reunió con sus amigos, quienes corrieron hacia la luz de la que un alarido parecido al surgido de la voz del príncipe se escuchaba, la diferencia era que estaba multiplicado por decenas de cientos de veces, tanto así que el sonido llegó a todos los rincones de Thundera.

-Es una honda espiritual muy poderosa "Chee", la ciudad entera está fuera de combate.

-¿Qué ha sucedido?

-No lo sé, cuando hacía la ronda en la plaza principal, las personas empezaron a caerse por montones.

-Mervin y Lazso se quedaron con el rey. Secundó Akhela, una puma gris mucho mayor que Cheetara, quien lideró al equipo al que se le sumaban más y más clérigos.

-¿También él Rey?

-Sí, aquellos sin un entrenamiento como el nuestro están en ese estado.

-¿Es una ataque a gran escala, acaso el señor oscuro…? Keos apretó su báculo llena de miedo, escuchando ese grito que no cesó en todo su recorrido hacia la estela de una mortecina luz blanca.

-¡No, esto es obra del príncipe Lion-O!

-¡¿Maestro Jaga?! El viejo clérigo apareció ante los veinte clérigos que avanzaron.

-¿A qué se refiere con que es obra de Lion-O? Cheetara preguntó angustiada.

-Algo ha enturbiado su estado emocional y creo saber quién, debemos controlarlo reprimiendo sus estados de conciencia, apunten a la base del cerebelo como les enseñé.

-¿Eso no es peligroso?

-No les voy a mentir, si no podemos controlarlo, deberemos matarle o incluso nosotros acabaremos como el resto, no, el Tercer Planeta podría no despertar jamás.

-¿Tan poderoso es? Jaga no le respondió, pero era más que claro. Eso sorprendió a Cheetara desagradablemente, a pesar de ello, aceptó la orden sin vacilar. La tierra temblaba entre más se acercaban a los restos del ala Este de palacio.

-¡La señal, es el llamado! El clérigo Alkemendrix cayó de rodillas ante el milagro, pero además de Cheetara y Jaga, ningún otro clérigo pudo notarlo, únicamente una luz potente.

-No miren hacia arriba insensatos o quedarán ciegos. El consejo pareció llegar tarde para el General Lynx-O, quien yacía en el suelo agarrándose de los ojos.

Jaga se quitó su manto y lo puso sobre el rostro del lince.

-Deje de luchar contra ello o perderá la razón para siempre.

-¿Qué demonios pasa? Lynx-O se retorcía de dolor.

-Alguien ha intentado atacar al príncipe, ha despertado a la espada de los augurios.

-¿Qué rayos hace la espada de Claudus en este sitio?

-La espada no pertenece a nadie salvo a sí misma, ella elige a su portador.

-¿Entonces Claudus…?

-Sí, su reinado ha acabado.

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Restos del Ala Este de Palacio
Momentos después

Los clérigos que no luchaban contra los atacantes, intentaban alcanzar al príncipe, la tarea era casi imposible, la espada de los augurios daba vueltas y vueltas en torno al él, tal si fuera una luna, alejándoles de su objetivo. La luz era intensa, los largos cabellos rojos de Lion-O refulgían hiriendo la vista.

El símbolo de Thundera relucía vigoroso en el cielo, el perfil de una pantera, representación de las cinco razas reales, se mostraba en todo su esplendor, un esplendor mortal.

El grito del príncipe crispaba los nervios, a tal punto que varios clérigos quedaron fuera de combate, flotaba en el aire sobre los restos que quedaron de las habitaciones reales, en su pecho un nutrido grupo de agujas le fueron clavadas cortando su flujo interno espiritual, poder que emanaba incontrolablemente de su cuerpo.

Para sorpresa de los clérigos, todos los enemigos se mantenían en su sitio, una muestra de su grado de entrenamiento, pero incluso con sus habilidades, alcanzar al príncipe se volvió una tarea monumental.

Jaga fue derribado junto a Alkemendrix, cuando usaron su habilidad para convertir su energía en poderosos rayos de luz, los mismos se desviaron y fueron absorbidos por el príncipe que cada vez brillaba más.

El líder de esos intrusos señaló a uno de sus acólitos sacando una especie de bumerán, dirigido a la cabeza del infortunado príncipe, Cheetara le dio un poderoso golpe sacándola fuera de balance, era demasiado tarde, esa arma ya viajaba hacia su cabeza.

Cheetara se lanzó con toda su fuerza en dirección del príncipe, sus piernas se hicieron pesadas con tanta energía, la espada no la hirió esta vez, como si adivinase sus intenciones, un empujón con su báculo sagrado era lo único que necesitaba, alargándolo hasta alcanzarle, lo suficiente para que en vez de la cabeza, fuera la preciosa cabellera del príncipe la que se vio rebanada desde la base del cuello.

Nunca había visto un arma como aquella, la cual regresó a las manos de su dueño que se rió en voz alta, una risa de mujer.

El fenómeno terminó tan rápidamente como había iniciado, Lion-O se precipitó al suelo, Cheetara le tomó nuevamente entre sus brazos saltando con todas sus fuerzas.

-Esto es mío, la misma voz femenina dijo, agarrando entre sus guantes la cabellera cortada de Lion-O.

-¡Jaga, clérigo de Thundera, estas advertido, la próxima no será únicamente su cabellera lo que le sea cortado! ¡Vámonos!

Todos los atacantes alzaron sus alas y de potentes saltos salieron disparados hacia el cielo.

-¡Son ángeles!, dijo uno de los clérigos.

-Es por eso que subieron tan rápido esa ladera, replicó Keos.

Alkemendrix llamó la atención a Jaga susurrándole al oído.

-¡¿Chee, estas bien, Chee?! Keos fue a agarrar a su amiga, pero Jaga, apartando a Alkemendrix la detuvo.

-Déjanos por unos momentos.

-¿Y qué pasa con los enemigos?

-Ya han hecho su trabajo, todos, vayan a ayudar a la gente que pudo resultar herida, no es momento de perder el tiempo. Jaga apresuró a los clérigos.

-¿Y Cheetara?

-No te preocupes, me encargaré de que no le pase nada.

El corte donde el cabello de Lion-O fue rebanado, mostraba unas puntas brillantes anaranjadas, como si fueran palillos de madera apagándose lentamente después de haber estado expuestos al fuego. Cheetara estaba en trance emitiendo un sonido monótono, Jaga se dio cuenta del motivo, uno de los largos cabellos rojos del príncipe se posó en su brazo absorbiendo su magia.

-Incluso si usas unas pinzas bendecidas quedarías atrapado, pero esa mujer lo tomó con sus manos. Alkemendrix dijo sin acercarse.

-No es necesario preocuparse, Cheetara es especial, si es capaz de observar el llamado a su edad, entonces es una de ellos.

-Espero que así sea. Dijo el afilado y viejo amigo del Jaga.

####
En algún lugar de palacio

La chimenea quemaba los últimos restos de madera, en la habitación contigua, Lion-O dormía tranquilamente a lado de Cheetara completamente inconsciente, los guardias que se despertaban se unían a los clérigos atendiendo a los heridos, Claudus y Tygra fueron llevados a resguardo, el golpe psíquico fue particularmente feroz con ellos, siendo la familia directa del joven príncipe la más vulnerable a ese extraño poder.

Sería una larga noche, dos clérigos hablaban en voz baja en la sala de estar, uno era Jaga Trueno Feroz, líder de los clérigos y su segundo al mando, Alkemendrix el Nibelungo, por lo visto su conversación no era nada amigable.

-Esto ha sido una mala idea desde un inicio, tú has visto lo que pasó cuando interrumpieron el flujo, es un envase lleno, no es capaz de purificar ese poder con la suficiente velocidad, no lo puedes negar, Jaguara no quería esto.

-Ella no ha dicho una palabra en contra, además, el flujo se ha restaurado a pesar de lo que hicieron, lo ha soportado, el plan debe continuar.

-Jugar así con este pequeño es demasiado, a veces me pregunto si hay sangre en ese cuerpo viejo tuyo para que llegue algo a tu corazón amigo mío, este plan estuvo mal desde el inicio, si él lo averigua...

-Calla, no olvides que la reina estuvo de acuerdo, tú mismo dijiste que el rey no podría hacerlo, era la única manera, si no le damos la suficiente compatibilidad con la espada, el esfuerzo no habrá valido la pela y no olvides que las visiones son cada vez más fuertes, le necesitamos.

-¡¿Pero a qué precio?! Esa era maldad pura, no hablamos de cuentos de demonios o sueños de médiums discutibles, es una fuerza negativa en extremo violenta, clama venganza, la verdadera cara de la espada no cambiará a menos que sea reforjada, ese sello no lo soportará indefinidamente y usar a este chico es cruel, debes engarzarla en el guante, él nunca se acostumbrará a ese poder, morirá antes de hacerlo, solo mira su cuerpo.

-Lion-O será el más poderoso de los reyes de Thundera Alkemendrix, llegado el momento hará su trabajo, yo también pensé que la primera elección de la reina era la correcta, incluso la manera en que llegó Tygra parecía una señal.

-Él tiene el apoyo del pueblo, el mismo rey que se negaba lo acepta abiertamente.

-Eso precisamente lo ha echado a perder, incluso después de lo que hizo en ese pozo, de ver lo incorrecto de sus acciones, el rencor no se va y aunque protege a su hermano, no comulga con el llamado.

-¡Jaga!, esta locura la has llevado a cabo a pesar de las recomendaciones de los seis, quizás estén muertos, pero no cambia el hecho de que ese pequeño ha nacido bajo una mala estrella, por los Ancestros, incluso el rey empieza a sospechar, los leones no son así, su cara, tamaño y pensamientos son los de la difunta reina, incluso con lo que hicimos no debería ser tan visible la dominancia de la herencia de la reina y en la ciudad se murmuran cosas… Alkemendrix guardó silencio cuando supo que había ido demasiado lejos.

-¿Qué es lo que se murmura?

-Hmm… le llaman abiertamente el hijo “tigón” del rey Claudus.

-¿Por qué no me informaste nada de esto?

-También soy un clérigo ¿recuerdas?, he esparcido esas boberas del “príncipe de las nubes” para contrarrestar las habladurías, pero si esas marcas del carácter de león no se acentúan, eventualmente se darán cuenta, la magia clerical tiene sus límites, debes dejarlo, estas destruyendo su cuerpo en tu búsqueda de un ser perfecto.

-Nosotros no estamos buscando un ser perfecto, sino un rey acorde al presagio, temo que Grune no haya muerto, ya no podemos dar marcha atrás...

-Quieres que crea que no lo pensaste, tu deseas que suceda, todo dependerá de una simple decisión fuera de tu control, tal vez sea el rey prometido, pero el fuego no dice que será bueno, únicamente que traerá orden... como Mumm-Ra.

-¡Alkemendrix! Jaga alzó la voz con desagrado.

-Hay cosas que ignoras Jaga, más bien, que te niegas a ver, quizás tus palabras elocuentes sirvan con tus admiradores, yo no soy uno de ellos, además, esas mujeres horrendas de la Orden de Avista ya se dieron cuenta, hicieron la prueba y mira el resultado, lo más misericordioso sería arrancarle la cabeza, deberías seguir su ejemplo, él ya está contaminado, esa rivalidad malsana con su hermano no ayuda.

-Únicamente necesitamos que se mantenga en sus cinco sentidos hasta que los eventos que tememos sucedan, después de eso... será su responsabilidad.

-Espero que no te arrepientas.

Jaga se quedó en silencio, Alkemendrix sabía que no podría cambiar sus ideas.

-Hmp, voy a reunirme con los demás clérigos, informaré al rey de que Lion-O se encuentra bien.

La decepción de ambos clérigos era de lo más patente, ninguno creía en las ideas del otro.

-¿Maestro? Cheetara abrió la puerta.

-Vuelve a la cama hija mía... espera, has tenido otra visión. Cheetara parecía confundida, Jaga supo la razón con mirarle.

-Mmm, esta vez no parecía una visión, más bien… como si se tratase de un recuerdo muy fresco. ¿Por qué la cabellera de Lion-O se sentía sí?

-He cometido un error pequeña mía y parece que alguien tomó ventaja de ello.

-¿Qué quiere decir? Jaga se sentó en la silla al lado de la cama donde el adolescente príncipe descansaba, seguido por Cheetara quien acarició la melena de Lion-O.

-A veces estás tan seguro de tener un sueño inigualable entre tus manos, que en tu impaciencia deseas hacer más de lo necesario para llevarlo a cabo y puedes terminar arruinándolo.

-¿Es por eso que está enfermo, es por eso que es tan... extraño?

-Solo en parte, él es especial Cheetara, incluso sin mi intervención. Deseaba que lograra el control de la espada y vinculé su fuerza a su cuerpo, ha sido sometido a ese poder durante mucho tiempo, pero parece que está en su límite.

-Sin la garra, la espada es peligrosa ¿no es así?, esas visiones de la ciudad en llamas maestro, realmente piensa…

-Thundera está en sus últimos años de vida, eso no podrá cambiarse, es posible que ya esté libre, el llamado ha sido hecho de todas maneras.

Cheetara revisó su bolso y sacó ese par de objetos que había recuperado de su encuentro con esos seres, una cápsula parecida a un huevo y un mechón dorado de una cabellera increíblemente hermosa.

-¿Ahora qué harás maestro?

-Alkemendrix tiene razón Cheetara, forzar las cosas no nos ayudará, debemos confiar en Lion-O.

-¿Y si él no es el indicado?

-¿Tu qué piensas? Cheetara apretó la mano del joven león y le abrazó con fuerza.

-Estoy dentro hasta el final, maestro.

-Buena niña, no me equivoqué contigo.




Thundercats (2011) Fanfic: Episodio 28 - El gigante de piedra

Previamente en los ThunderCats

Lion-O conoce a Mandora, una misteriosa guerrera originaria de Avista, perteneciente a la última Orden religiosa en el mundo de las aves, quien lo ataca hasta que es detenida por Fedora, maestra de la primera, llevándole a conocer a Scandiacus, líder de la Orden.

Panthro y Tygra deciden destruir un paso importante de provisiones para disminuir la fuerza de los lagartos que asedian los restos de la ciudad.

Cheetara trata de ayudar a Lion-O quien se resiste a confiar en ella despues de lo ocurrido con Pumyra, despertando los celos de Tygra, quien abandona su puesto en la batalla para perseguir a su novia, encontrándola abrazada a Lion-O.

Pumyra colabora con nuevos aliados, un numeroso grupo de tigres, entre ellos un tigre albino.

En su intento por salvar a la gente prisionera por Pumyra, dos de los cuales son asesinados en su presencia, Lion-O es herido por la felina, sin ser capaz de alzar su espada en su contra, Cheetara le salva mientras desactivan las naves de combates de los tigres.

En su camino de regreso, Cheetatara y Lion-O encuentran los restos de un altar, descubriendo que los tigres han sacado una gigantesca estatua de piedra.

Al regresar a Avista Lion-O, quien está dispuesto a abrirse nuevamente a Cheetara escucha a Su hermano y su clérigo, tintando fuera de la tienda el collar que él le regaló a Cheetara.

Lion-O piensa visitar a Soul Sever, pero es interceptado por Tygra quien le amenaza, advirtiéndole que no debe acercarse más a Cheetara, Lion-O se va de Avista con la determinación de no depender de nadie nunca más.



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martes, 18 de diciembre de 2012

El poder de una ilusión - Pagina 5

En los conductos de la ciudad muerta
Ese mismo día

Estaba furioso, lo sabía, algo raro estaba pasando entre esos dos, Tygra apretó los nudillos de su puño contra la pared, había abandonado su puesto, no le importaba en absoluto lo que a esas aves de mierda les pasara, sintió celos y siguió el rastro de Cheetara.

Los encontró abrazados, a pesar de la poca luz, los observó detenidamente.

« ¿Por qué lo abrazaba? ¿Acaso ambos le estaban viéndole la cara?», no lo supo bien, pero Lion-O dijo en voz alta.

-Sigamos, quiero dejar este "apestoso" lugar.

« ¿Lo había olido?, Tal vez Lion-O había notado su presencia, no podía ser», sigilosamente se marchó volviendo por donde había entrado, estaba furioso, aunque en el fondo temía lo que ella tuviera que decir al descubrir que la había seguido, que había dejado su puesto.

«Ella es mía, cómo te atreves... me pertenece sólo a mí, ella me lo dijo» Siendo irreflexivo llegó antes que ellos a la salida y dando grandes saltos escaló la entrada con sus fuertes garras, aún así, tuvo que lanzar su látigo para evitar ser detectado al dejar tantas marcas de tigre, perdiendo su invisibilidad momentáneamente.

Con toda su tribulación, no fue capaz de notar la presencia de dos misteriosos espías que le siguieron un rato, hasta que decidieron retirarse, confundidos de que quien saliera de esa gruta no era un león o una guepardo, sino un tigre y uno muy especial.

Cuando llegó al claro donde Avista estaba varada, los primeros heridos arribaron del combate con los lagartos, la operación fue muy rápida, dejó su puesto y no sabía que ocurriría cuando Lion-O lo supiera, pero no le importaba, aunque pasar por un cobarde era otro asunto.

####
Decepción

La tarde ya se extinguía cuando Lion-O, Panthro, Anet y Dobo, con un contingente de voluntarios regresaron de donde quedaron los restos de las aeronaves de los tigres, para enterrar los cuerpo de los dos felinos asesinados por Pumyra y ver si podían reutilizar las naves, pero estas fueron destruidas con disparos de armas de plasma, hasta que nada útil en el campamento quedó.

Panthro le habló a Lion-O de lo sucedido en la batalla y de los esclavos que encontraron en los contenedores, quienes fueron atendidos en el campamento bajo la ciudad, aún así, él quería honrar primero a los cuerpos de los fallecidos antes de centrarse en otros asuntos.

Los sobrevivientes que Lion-O rescató de las garras de Pumyra no llegaron al valle y eso le preocupó, no podía hacer nada al respecto, por lo menos estaba seguro de que habían logrado escapar al no encontrar rastros de pelea en el conducto por el que habían escapado.

Tygra estaba enojado de ser reprendido por Panthro al dejar su puesto y la situación llegó al punto de los golpes, el General era mucha pieza para el tigre que se marchó con su enojo escondido entre sus moretones, Cheetara le siguió tratando de razonar con él.

Lion-O esperaba que Cheetara fuera con ellos, lo que no fue así y se vio obligado a servir él solo de guía, tenía miedo de volverse a encontrar con Pumyra, así que emplearon el doble de tiempo en recorrer esa ruta, tomando todas las precauciones posibles.

Quería hablar con Cheetara de sus preocupaciones, se sentía listo y lo que ella había hecho por él le había ablandado el corazón, parecía una oportunidad adecuada para retomar su relación fracturada por su propia obstinación, cuando solamente cumplía con su deber, dijo que estaría allí para apoyarle y él necesitaba de su consejo como nunca antes.

Buscó en su propia tienda esperando hallarla, no estaba, de hecho, no estaba en ninguna de las otras tiendas que ocuparon, ni siquiera en la de ella, hasta que se dio cuenta de que Tygra tampoco se encontraba, no sabía a donde había instalado su carpa y sintió una opresión extraña en el pecho.

-Si no querías que me lo pusiera pudiste decírmelo, el corazón de Lion-O se estrujo al escuchar la voz de Cheetara que provenía de la tienda de Tygra.

-No quiero perderte, pienso que le dedicas mucho tiempo a Lion-O y me estas ignorando completamente.

-Deseas que me deshaga de un collar solo porque tu hermano me lo ha dado, eres un niño.

Lion-O escuchó los besos de ambos, envueltos en un abrazo apasionado, maldijo a su imaginación por mostrarle esas imágenes.

-Es muy pronto para esto, dijo Cheetara, la sensación que sintió Lion-O fue horrible, había escuchado, presenciado algo que no deseaba saber, no podía negar sus propios sentimientos hacia ella, pero como Cheetara misma se lo había aclarado, él no tenía ninguna oportunidad y lo había dejado por la paz, aún así, esto era demasiado.

-Tú eres para mí, solo para mí, no tienes que preocuparte de él, yo me encargaré de que esté seguro.

-Es mi deber Tygra.

-¿Y qué si es algo más?

-No digas tonterías, es solo un... niño.

-Lo dices como si no debiera estar celoso. Lion-O pensó que hacían lo que era natural en dos amantes tan increibles, un fuerte y diestro tigre, una magnifica y altiva guepardo, eran a fin de cuentas... el uno para el otro, no tenía nada que hacer allí.

-Mi corazón te pertenece solo a ti, dijo Cheetara. Con cada palabra el corazón de Lion-O obtenía una nueva herida.

-¿Ves, ya no tienes que preocuparte de nada? Al parecer ella se había quitado el collar.

-No digas tonterías bebé, claro que me preocupo, no quiero que nadie interfiera entre nosotros, ni siquiera él.

Lion-O escuchó el sonido gutural de sus besos pausados.

-No necesitas de ese collar, me encanta tu cuello desnudo.

-No seas idiota.

Una mano lanzó fuera de la tienda el collar que le había regalado, no supo si fue Cheetara o Tygra, aunque en el fondo no importaba, sigilosamente se acercó a este y lo tomó entre sus manos, alejándose de ese horrible sitio donde su corazón fue golpeado por el poder mágico de una ilusión que se había roto nuevamente en mil pedazos, como su propia ingenuidad.
Lion-O encontró el collar que le regaló a Cheetara, por alguien que lo había tirado al suelo,

No había nada más que decir, él ya no sería una carga para ella, no sería nunca más una carga para nadie.

Dolía, una pena tan grande emergía de su vientre y subía por su pecho hasta enterrarse en su corazón y sin proponérselo las lágrimas salían de sus cuencas.

Todas las personas que había conocido, que le habían importado, eran iguales ante sus ojos, llenas de palabras huecas, ofreciéndole la mano para levantarla casi tan inmediatamente como él había bajado la suya para tomarla.

Su corazón se fue agriando con esos pensamientos y por unos momentos entendió a Tygra, cargando con un odio hacia su propio hermano por poseer “algo” que no poseía y eso le hizo sentir miserable.

“¿Pero en qué estaba pensando?” Dio media vuelta y se marchó, seguro de su resolución de allí en adelante, no confiaría ciegamente en nadie más, sólo en él mismo.

####
Tiempo más tarde

Mandora estaba hablando frente a miembros del consejo con Fedora y sus cuatro discípulas al lado, Lion-O se acercó pero no entró a la carpa donde estaban, quería saber lo que el ángel tenía que decir, tal vez había sido demasiado irreflexivo con la idea de no confiar en nadie nunca más, Mandora tal vez sería un buen amigo, un amigo leal... las cosas no eran así.

-... y es por ello que deseo postularme para Prefecto, será la mejor solución a nuestra crisis de liderazgo, estoy segura de ello.

-Agradecemos tu interés en esto, sin embargo, creemos que ya tenemos candidatos más ideales a nuestras necesidades.

-¿No estarán hablando en serio?, ¿Dejarán Avista en manos de ese león y sus vasallos?

«Bueno, al menos no esperaba nada diferente de ella» Lion-O se dijo a sí mismo divertido o tal vez aceptando la realidad de que su decisión seguiría firme.

-Señorita Mandora, conocemos sus legendarias habilidades como guardiana de la prisión de Avista y su largo historial como cazadora de criminales, a pesar de ello, debemos ser enfáticos, nosotros decidiremos.

-¿Qué ven en él para empezar? ¡Es apenas un niño! Si no fuera por él, Avista no hubiera sido derribada.

-Eso no lo puedes asegurar, Vultaire trabajaba con Mumm-Ra por lo que dicen los informes y en cuanto al thunderiano, sabemos bien lo que ha hecho, a pesar de todo, ya hemos decidido por quién votará nuestro colegio de concejales.

-¡...es ridículo, nos llevaran al desastre! Fedora se mantuvo en silencio, sin apoyar a ninguna de las partes, al darse cuenta de la presencia de Lion-O, esta le sonrió, pero no hizo nada para hacer notar su presencia ante Mandora o el Consejo.

-No olvides Mandora quien postuló a Vultaire cuando tuvo la oportunidad de volverse Prefecto.

-En ese entonces era ingenua y manipulable, las cosas son diferentes ahora.

-Podemos elegir entre uno que decidió no tomar la piedra para salvaguardarnos y ser traicionado, u otro al que se le ofreció ser Prefecto, pero cedió su posición solo por amor a un traidor, peor aún, hoy intentabas seducir a nuestro elegido para postularte, aunque le perjurabas que le serías fiel.

-Si él no fuera el candidato ideal, no se hubiese resistido a tus hechicerías con tanta vehemencia Mandora. Una águila blanca protestó levantando el puño.

-¿Cómo saben…? ¡¿Me han estado espiando?!

-No eres “la única” que hace uso de tácticas discutibles de espionaje Mandora, si es todo lo que has venido a decir, puedes retirarte, ya te... llamaremos si lo consideramos oportuno.

-¡Son unos...!

-¡Mandora-chan! Fedora le gritó enojada ante su atrevimiento, había perdió penosamente la compostura, meditándolo un instante, se dio la vuelta al entender que no conseguiría nada y salió echa una furia, ignorando la presencia de Lion-O frente a ella, oculto tras una capa.

Él la miró con amargura, Fedora como sus discípulas le hicieron una reverencia.

-No dejes que esto te desanime, ella también desea cosas.

-Eso no me importa, nunca más.

Fedora supo por la expresión en Lion-, que le había pasado algo grave, aunque razonó que habría tiempo para enterarse de ello, persiguiendo al ángel que en su enojo, chocó con un elefante que le dejó caer una cubeta con agua sucia, la cual sacaba del los grandes comedores públicos como si fuese un castigo de los ancestros bien merecido a su mala acción, golpeando con los puños el suelo.

-Al menos hoy te tocará baño pequeña.

####

Lion-O cojeaba nuevamente de la pierna después de haberse arrancado sin cuidado el vendaje de Cheetara y ponerse otro sin mucha atención, lastimándose con las garras de sus manos, el pelaje de su pierna mostraba un color marrón oscuro, producto de la sangre seca que llegaba hasta la base de su pie, por lo que caminaba descalzo para reducir el escozor de la hinchazón que palpitaba con cada paso.

Se preparó para ir a donde Soul Sever, sin detenerse a pensar en su cansancio, así evitaría repasar lo que había atestiguado momentos antes, el destino no quería darle un respiro.

-¡Lion-O! Una voz varonil le llamó la atención, cuando volteó para responder, no pudo encontrar a nadie fuera de avistianos que estaba en sus asuntos, sintió un golpe en el mentón que le hizo caer al suelo aparatosamente.

-¿He? Sin mediar palabra, alguien le pateó en la pierna izquierda, reabriéndole la herida, que se cubrió por reflejo con las manos, sintiendo un dolor espasmódico.

Tygra apareció de la nada, estaba respirando con mucha excitación, sus ojos eran los de alguien frustrado e inyectados de sangre por la ira.

-¿Tygra, qué se supone estas haciedo?

-¡No te vuelvas a acercar a Cheetara!, ¿me has escuchado? No vuelvas a poner tus sucias garras sobre ella.

-¡¿Qué?! No, yo no...

-¡Deja de fingir! Ahora que has perdido a Pumyra te sientes con derecho para venir a quitarme lo que es mío.

-¿Lo que es tuyo?

Tygra le propinó otra patada en la herida, él no gritó o se quejó, solamente se agarraba de la pierna tratando de protegerse con las manos.

-Si vuelves a abrazarle o incluso acercarte a ella, voy a hacer que esta ciudad vea el débil felino que tiene por héroe, ¿lo has entendido?

-¿De qué hablas por todos los ancestros de Thundera?, yo no voy a interferir entre ustedes dos... Eso hizo que la voz de Lion-O se tornase cortada, lo que hizo que Tygra retrocediera.

-S-solo a-le... aléjate de Cheetara y es-ta-remos bi-bien ¿eh?, ¿lo entiendes? Tygra tartamudeó, recordando algo desagradable y retrocedió al darse cuenta de lo que estaba haciendo.

Se alejó rápidamente cuando empezaron a juntarse más avistianos que presenciaron el violento ataque a alguien visiblemente herido, cuya pierna mostraba una horrenda mancha de sangre.

El hermano de Lion-O se había dejado llevar por sus celos, perdiendo el juicio, no podía culparle, él se había acercado demasiado a Cheetara, debía aceptar su situación y romper ese ciclo de sufrimiento.

Uno de los avistianos capturaba el hecho con su cámara, una humillación pública ante sus nuevos aliados.

-Genial, genial, lo que me faltaba, dijo en tono bajo. Algunas aves lo miraron como un bicho raro a punto de reírse, suspiró con una falsa dignidad abriendo la escotilla, Snarf le siguió, se había evadido del cuidado de Anet, de alguna manera misteriosa le encontró, como siempre lo hacía en su peores momentos y se coló dentro de la nave.

Lion-O le tomó entre sus brazos sonriéndole.

-Bueno amigo, supongo que seremos nuevamente tú y yo solos.

-¡Snarf! El pequeño asintió refunfuñando alegremente.

Humillado, cansado y herido en el corazón, se sentó en los controles y de su bolsa sacó el collar que le regaló Scandiacus, el cual se puso.

«Debí hacer esto desde un principio, no dárselo a ella» Pensó para sí, ocultó el collar entre el cuello de su camisa, acto seguido, puso sus manos sobre los controles, no era el mejor de los pilotos, como fuese, de ahora en adelante tenía que aprender a hacer las cosas sin la ayuda nadie, eso en el fondo significaba ser un rey, Jaga tenía razón, el único camino para él era alejarse del laberinto de emociones y sufrimiento, que lo había llevado a ese desastre en que había convertido su corazón.

En un punto de toda esa cadena de fatalidades, Lion-O se preguntó si era su propia culpa, al dejarse llevar tan fácilmente por sus emociones, por dejar entrar a cualquier persona que se presentase con palabras dulces y amables, palabras como las que Cheetara le dedico, debió cuestionárselo desde un principio, nadie nunca fue bueno con él o le dio palabras de aliento de ningún tipo, vivía al día como el loco príncipe de aficiones solitarias.

Se tuvo que hacer fuerte por sus propios medios, imitando a su hermano sin éxito, perdiendo la fe, aferrándose a un título que en el peor de los casos, era inmerecido.

Ella le dijo tantas mentiras por una orden, pero al igual que pasó con Pumyra, en el momento decisivo, la verdad la desnudó.

Cheetara no tenía la culpa por elegir a quien amar o a quien ser leal. Era él quien tenía que cortar ese lastre que se había formado entre ellos dos, lo que subyacía en el fondo; la idea de que ella seguía siendo su clérigo y eso debía de terminar tarde que temprano.

Y fue así, como la nave despegó hacia los dominios del Desgarrador de Almas*, algo irónico, pues la suya misma ya lo estaba.

####

Fin del Capítulo 1

Guía de personajes

  • *Soul Sever: Ser cibernético aparecido en el episodio 24, su nombre significa Desgarrador de almas.
  • *Necromecas: Sirvientes robóticos de Soul Sever, originalmente una especie extraterrestre que convierte a Soul en un ser cibernético que en venganza por negarse a convertir a su familia en seres iguales a él, los convierte en robots.
  • *Jorma: Es un chatarrero de la raza de los perros, amigo de Lion-O que conocemos en el episodio 1.
  • *Flicker (OC) es el ser robótico parecido a una mantis que pertenece a Jorma, visto en el episodio 24,
  • *Scandiacus (OC) Es una búho integrante de la última orden de clérigos de Avista, una organización que fue desapareciendo al Avista asumir un sistema de gobierno electo por un consejo.
  • * Fedora (OC) Es una avistiana que usa una katana y un kimono, usa una espada hanzo de los Hachiman.
  • * Alessa (OC) Es una ave sin plumaje de piel parecida a la humana, salvo la de una franja de plumas en su cabeza, es una gladiadora herida en combate en el ataque de Avista.
  • *Dobo, es un perro aparecido en el capítulo 19, donde regenta el estadio de gladiadores de la ciudad de los perros.


OC = Personaje original creado para este fanfic.


jueves, 13 de diciembre de 2012

El poder de una ilusión - Pagina 4

Ruinas de la Ciudad muerta debajo del bosque negro
Ese mismo día


La zona de las ruinas no tenía nada de encantador, un aspecto tétrico de construcciones ennegrecidas por el paso de los milenios, mohosas y llenas de recovecos donde la fauna local se mostraba agresiva, debía tener cuidado, el ratón no se quedó con Lion-O, encontrándolo en el camino. En la entrada de la gruta, Cheetara reconoció la marca del guante felino y sus ganchos retráctiles que bajaban por un foso.

Su truco personal consistía en alargar su bastón y controlar la forma de la punta que se enterraba con sus raíces en el suelo y así sujetarse de la larga vara de madera que al contraerse la llevaría al fondo suavemente.

El olor de Lion-O era casi inexistente, pero al compartir tanto tiempo juntos, podía distinguirlo claramente, él estaba evitando ser rastreado, quizás sintió que no estaba solo, ella tomaría las mismas precauciones, el regalo que le dio demostró su utilidad, al tomarlo entre sus manos con su poder de clérigo, la habitación se iluminó solo para sus ojos con una tonalidad monocromática.

-¡Hmm-mm! Alguien le tapó la boca y la arrastró a la pared, « ¡Lion-O!» pensó mirando el grisáceo rostro sin tonalidades de su compañero de viaje, que la abrazó para pegarla más a la pared, evitando que los enemigos la vieran.

-Lady Pumyra necesita el otro fragmento del coloso para que funcione, esos misioneros no desean cooperar.

-No tiene el menor remordimiento hermano, es igual a Lord Mumm-Ra, va a acabar con ellos.

-Eligió al albino de compañero, qué horror, habiendo mancebos mejores y ella elige al defectuoso.

-Shhh, cállate o alguien podría escucharte.

-Ja, en este lugar de mierda ¿quién podría? Ya sacamos lo que necesitamos.

Cheetara reconoció la forma de esos sujetos, eran musculosos tigres con rifles de plasma, Lion-O apretó los dientes cuando ellos mencionaron la palabra amante.

-¿Qué estás haciendo aquí? Lion-O habló en un tono muy bajo.

-He venido a ayudarte.

-Nunca sigues mis órdenes ¿Verdad?

-No pensé que fuera una orden... espera ¿cual orden? En la oscuridad ella sonrió sacando la lengua.

-¡Rayos!, ¡Esta bien, vamos, debemos seguirlos! Cheetara lo agarró de la mano izquierda y se adelantó.

-Yo puedo guiarte.

-¿Es que puedes ver en la oscuridad?

-Tú sígueme.

Persiguieron en silencio a los dos tigres, marcando el camino con una tiza que Cheetara podía ver valiéndose de la magia de ese collar, es por ello que decidió seguir a Lion-O. Cuando salieron por uno de los accesos, ante ellos se erigía un enorme peñasco de piedra, en la cima, antorchas iluminaban el sitio donde seguramente sus enemigos montaron su campamento.
Lion-O y Cheetara siguieron a los tigres por los túneles de la ciudad muerta.
Tenían que subir una pendiente pronunciada, pues las salidas a los lados eran iluminadas con potentes luces, Lion-O señaló a Cheetara que arrojaría un gancho de su guante y así subir sin ser detectados.

Le tomó de la cintura y disparó una de sus garras que se enterró en un árbol donde la sombra les protegería, fueron escalando lentamente hasta alcanzar el borde, infiltrándose exitosamente.

No eran los únicos tigres, Cheetara se horrorizó al ver que eran al menos cien de ellos, ningún lagarto.

-¿Qué rayos es esto, pensé que los tigres estaban extintos? Lion-O no sabía que ocurría, fue una suerte que Tygra no estuviera allí para presenciarlo, Cheetara le señaló las naves de combate.

-Yo pondré los anuladores en los de la izquierda, tú encárgate de los de la derecha. Cheetara le mostró su bolsa llena de pequeñas minas modificadas para inutilizar la electrónica de las naves.

Tenían que apresurarse, conforme la luz del Sol alcanzara esa zona, ellos estarían en problemas.

Cheetara fue muy precisa y rápida, esperó lo mismo de Lion-O, por desgracia, este se quedó mirando al fondo del claro, ella se acercó, apreciando un monstruoso cuerpo de piedra blanca que estaba sobre una plataforma flotante.

-¡Es Pumyra!, dijo Lion-O, cuyos ojos se clavaron a la felina con una armadura nueva en la que una serpiente de dos cabezas se mostraba en su corona dorada.

La clérigo detuvo al chico interponiéndose en su camino, quien inconscientemente quiso ir al encuentro de la acólita de Mumm-Ra.

-¡¿Donde está el disco?! ¡Habla! mi paciencia se agota. Pumyra azotó brutalmente a cada uno con una vara.

-Por favor mi señora, no lo sé, nosotros somos vagabundos errantes, no sabemos nada, no poseemos ningún disco.

-¿Vagabundos? ¡Ja! Tú, viejo despreciable, no te atrevas a mentirme, ¿qué clase de vagabundo viaja con collares ceremoniales de oro puro?

Ella le mostró un puñado de collares relucientes que azotó contra su cabeza, derrumbándose en el suelo.

-¿Cómo puedes hacer esto a tu propia gente, trabajar para ese monstruo?

Una felina le habló con enojo, ni Lion-O, ni Cheetara pudieron verle el rostro.

-Yo seré la nueva soberana de Thundera, la nueva reina y no esos inmundos leones, mi Señor me dará el control sobre todo el Tercer Mundo, si ustedes se arrodillan y juran lealtad, incluso podría perdonarles la vida, pero primero, díganme donde está el disco.

-Tú no eres nuestra reina, ni lo serás nunca, eres una adoradora de ese maldito ser, nadie en su sano juicio te dará esa legitimidad que buscas, incluso si usas las dagas para convertirlos.

-Ja, y ustedes piensas que Lion-O los vendrá a buscar, él los abandonará como a mí, pero si viniera, no sería capaz de hacer nada, recuerdo su estúpida cara cuando le entregue la piedra a mi señor, él me dio esta fabulosa oportunidad y te lo aseguro, no le voy a defraudar.

-¿El rey Lion-O está vivo? Uno de los felinos con una voz ronca habló con sorpresa.

-Cómo si no lo estuviera, pronto de él no quedará más que un triste recuerdo.

-¡Grrr! ¡Me das asco!, podría aceptar que traicionaras a tu patria, pero... ser la mujer de una momia..., no tienes dignidad.

-¡Maldita insolente, ¿cómo te atreves hablar así de mi Señor?!

¡Blazzzt! Se escuchó el sonido de un arma de plasma que atravesó el cráneo de la felina de largas orejas, que se recostó sobre sus piernas. Fue la primera vez que Cheetara vio una mirada de tristeza y pena tan grande en la cara de Lion-O.

-Voy a hacer de Thundera un lugar digno y puro, si me deshago de algunos de los seguidores de ese león, nadie les extrañará y verán como la gente se arrodilla ante su nuevo rey y amo en un cerrar de ojos.

-No… esto no puede estar pasando, ella nunca lastimaría sus propia gente, no puede... debo detenerla, Lion-O quiso sacar la espada, pero Cheetara se lo impidió al entender que con el abrumador número de enemigos no sería diferente de un suicidio, le abrazó con fuerza.

-Lo siento, no puedo dejar que hagas eso.

-Ella va a matarlos.

¡Blazzzt! disparó nuevamente dejando sin vida a otro de los felinos, mientras los prisioneros se lamentaban, pero ninguno gritó salió de sus bocas.

Pumyra dijo algo divertida a un tigre albino a su lado, dándole un beso apasionado en la boca que al parecer le había tomado por sorpresa, un impacto emocional aún más grande para Lion-O, que no podía evitar el dolor en su corazón al ver la verdadera cara de una persona que quería proteger con todo su corazón, ella regresó la cabeza para dar una orden.

-¡Mátenlos, mátenlos a todos, me son completamente inútiles!

Cheetara arrastró a Lion-O que se resistía, hasta cubrirse bajo el amparo de las sombras.

Pumyra se internó al interior de una de las tiendas con ese sujeto riéndose burlonamente.

Cheetara esperaban el sonido los sonidos de los disparos que inundarían el claro del peñasco donde sus naves esperaban la supuesta señal para lanzar un contraataque si los lagartos eran emboscados, sin embargo, se dio cuenta que no era así, tenían otro propósito, resguardar su propio cargamento.

-Debemos seguir con nuestra misión Lion-O, te lo suplico, él no le escuchó haciéndola a un lado, sin mediar el riesgo, lanzó el señuelo al centro de la plaza, corriendo a toda velocidad hacia los prisioneros, con su espada desenvainada rompió el barandal de la nave donde estaban atados y lo deshizo de un golpe.

Al voltear y encarar a sus enemigos, estos habían desaparecido.

La guepardo tomó la bolsa donde Lion-O guardaba el resto de los anuladores, apretó los puños y corrió hacia donde el resto de las aeronaves se hallaban varadas, colocando los demás dispositivos intentando despertar la menor atención posible, maldijo a Lion-O por no atender a razones, tenía que terminar el trabajo sola.
Cheetara puso los anuladores a cada nave enemiga.
Cuando la explosión ocurrió, un humo espeso de colores cubrió las carpas y naves contiguas.

-¡Mi señor Lion-O! Una de las felinas habló cubierta por su capucha totalmente soreprendida.

-Corran, yo los entretendré.

-Pero qué pasará con ellos.

-Han muerto, si no quieren seguir el mismo destino corran, yo luego me encargaré de recuperarles.

¡Plank! Lion-O desvió un hacha de acero, pero no había nadie desde donde pensó la habían lanzado, entendiendo inmediatamente la fuente del problema.

-¿Saben por dónde podemos huir? Lion-O preguntó, pues él mismo no sabía cómo salir de ese lugar, salvo por el mismo sitio por el cual habían entrado, su problema era que esa entrada se encontraba a decenas de metros, en la base del peñasco y para acceder a él solamente escalando, o usando los corredores donde los guardias tigres se encontraban apostados.

-Allí, si llegamos a ese conducto podremos irnos, pero si ellos nos siguen nos alcanzaran muy pronto. Dijo una de las felinas.

Sin mediar palabra, Lion-O apuntó su espada y con la fuerza de su furia la espada brilló.

-¡OHHHHHH! Un chorro de luz roja con un enorme bramidos que cimbró el peñasco surgió de la hoja de acero, de pronto ya no eran solo hachas, sino lanzas y disparos de plasma que desvió con su escudo de luz.

-Magnifico, es la espada de los Augurios, usted ha aprendido a dominarla, un viejo dijo.

-No es momento para halagos, rápido, yo les cubriré.

-Mi señor Lion-O, nosotros seremos los que nos quedemos, usted escape. Otra felina dijo en voz alta.

-No sé quiénes son ustedes y no tengo tiempo para discutirlo, pero una cosa es segura, yo escaparé más fácilmente si no tengo que preocuparme de ustedes, así que háganme caso, no voy a dejar que mueran aquí, estamos a las afueras del valle del bosque negro, en las ruinas de la ciudad de Avista, nos encontraremos allí.

El primer golpe que lo alcanzó, casi lo deja inconsciente, pero lo soportó con suma entereza, dando un lance que no hizo blanco, su invisible atacante caminó lejos retrocediendo.

-¡Rápido!

El grupo de sobrevivientes corrió hacia el túnel pasando un puente que conectaba la entrada al peñasco, que viéndolo bien, parecía un edificio antiguo de algún tipo, algo que negó porque era prodigiosamente enorme.

-¡OHHH! El rayo de luz roja destruyó el puente y luego colapsó la entrada, evitando a sus perseguidores seguirles.

Un potente disparo de plasma que explotó al tocar su espada, hizo que fuera lanzado violentamente contra el suelo, pudo observar una figura femenina entre el espeso humo, repitiendo el acto, disparó varias veces, para luego, sacando una espada, corriera hacia él a toda velocidad... era Pumyra.

####

El señuelo que indicaría que el trabajo estaba hecho estalló con mucha potencia, por un lado informaría a Panthro y Tygra que las naves estaba desactivadas, por otro, les haría creer a los aliados de Mumm-Ra que serían atacados por aire, por desgracia el primer punto estaba inconcluso.

Cheetara colocó los anuladores lo más rápido que pudo, escuchaba el sonido de la batalla y los gritos de Lion-O disparando con la espada a diestra y siniestra a la nada.

Se dio cuenta que algo no marchaba bien, al no percibir la presencia de ninguno de los atacantes que disparaban a Lion-O, se dio cuenta que les estaban rodeando por ambos lados, pudo sentir un olor característico que ella bien conocía, corrió a toda velocidad revelando su posición en dirección hacia Lion-O, que en la bruma peleaba con una persona que ella muy bien conocía, desatando su capucha que voló libre al aire, la cual, fue capturada por algo invisible que le perseguía, mismo que acabó golpeándose contra el suelo rocoso.

Se lanzó con todas sus fuerzas hacia su rey y lo tomó entre sus brazos, arrastrándolo con el poder de su velocidad, hasta dejarse caer del peñasco intencionalmente.

Todos los tigres habían desaparecido en un abrir y cerrar de ojos, seguramente tenían la misma habilidad de Tygra para hacerse invisibles.

Lion-O alzó su espada al ver el movimiento de los rifles de plasma de sus enemigos, desvió el rayo que surgió de la muñeca de Pumyra, quien fijó sus penetrantes ojos en él, se había dado cuenta de su olor e intentó emboscarle usando a los prisioneros como señuelos, por esa razón le había distraído con ese beso.

-¡Huye pequeño rey, pero recuerda, voy a matarte y lo voy a disfrutar, mi Señor Mumm-Ra, mi único señor, lo va a disfrutar! Pumyra gritó intentando lastimarle con sus palabras cargadas de ponzoña, pero su rabia le hizo fallar todos sus disparos, mientras decenas de tigres sacaron sus armas, el foso era profundo y oscuro, tanto, que sus disparos no fueron lo suficientemente ágiles, obligados a apuntar y disparar al azar, tal vez debieron lanzar granadas, pero se abstuvieron, eso podría provocar un derrumbe en la base del peñasco donde se encontraban estacionados.

Cheetara apretó el botón del detonador que activó los anuladores, se giró y lanzó su bastón que se deformó absorbiendo la fuerza de la caída. Lion-O recuperó la compostura y valiéndose del guante y la piedra espiritual, generó una bola de luz roja tomando entre sus brazos a Cheetara, para al aterrizar, huir entre los pasadizos en ese lugar donde decenas de entradas estaban cavadas en la sólida roca por una antigua civilización.

-¡Han puesto bombas en las naves, al suelo! Gritó un enorme tigre de voz ronca que observó uno de los paneles abiertos de su nave de combate con una objeto extraño pegado a su superficie, el cual comenzó a emitir una luz roja que parpadeaba.

El tigre albino cubrió a Pumyra con su cuerpo, ella lo apartó de una patada, sabía lo que sucedería.

Los tigres se cubrieron desperdiciando valioso tiempo, después de la explosión del señuelo y el ruido que provocó, su posición estaba al descubierto. Aún así, las naves no corrieron con la misma suerte, no estallaron, sino que dejaron escapar un leve sonido eléctrico y un humo blanco de un olor oxidado salió de cada una de ellas.

-¡Ja!, él nunca me lastimaría, es un tonto sin remedio.

Pumyra mostraba una mueca de rabia, sabía que estaban en desventaja, como fuese, Lion-O era previsible, jamás lanzaría un ataque donde ella pudiera salir lastimada, como una carta de amor a una ingrata que no le respondería, le había dejado una advertencia, aunque se abstuvo de burlarse de las inocentes intenciones de su "Rey", un remanente de lealtad que quedaba enterrado en su corazón, produciéndole un profundo asco al serle inevitable.

¡Kabooom! Muy a lo lejos se oyeron los sonidos de explosiones y disparos contra un largo contingente de suministros de los lagartos que seguramente empezaba a ser atacado por los aliados de Lion-O.

-Al parecer nosotros no somos el objetivo. Dijo el tigre albino sorprendido por el ataque.

-Nunca lo fuimos, debieron pensar que estábamos aquí para resguardar a esos asquerosos lagartos. Pumyra respondió con total frialdad.

-¿Y qué hacemos ahora Lady Pumyra, los seguimos? Un tigre que al parecer era el líder del contingente apareció frente a ella.

-No Tigus. Ya tenemos lo que queríamos, del disco nos encargaremos después, además, sería peligroso si el hermano de ese imbécil nos ataca y él no tendrá piedad alguna, usen los aerodeslizadores dejaremos los caza.

-¿Y qué pasa con los lagartos? dijo el tigre.

-¡Que se vayan al diablo! Si ellos desaparecen, nosotros seremos los únicos beneficiados, sentenció Pumyra, algo que los tigres secundaron.

La felina miró su espada ensangrentada y por un momento, al tigre albino le pareció ver a la mujer tras el disfraz frío y calculador, cerrando sus ojos pasó la lengua por la hoja hasta que la sangre estuvo dentro de su boca, suspirando abrió su ojos mostrando una vivacidad que cautivó a su compañero de armas.

-A fin de cuentas, ya eres mío "pequeño" león. Dijo al viento con total seguridad, como si ya tuviera con ella la carta que le daría la victoria en ese juego de cartas en el que se había convertido la guerra contra Thundera.

####

Cheetara supo que nada pasaría cuando escuchó a las naves de transporte de Pumyra partir, sabía que no podían regresar a casa por ese camino donde se refugiaron, tenían que volver y tomar otro de los accesos donde había dejado sus marcas.

-Al parecer se han marchado, deberíamos seguir Lion-O.

Él no le respondió sentado en el suelo conmocionado, parecía que haber perdido la voluntad de luchar. Ella le arrastró y lo guió a la salida, internándose de nueva cuenta en una gruta.

-¡Aquí está!, pasó sus manos por la tiza tranquilizando su espíritu, caminaron por los intrincados conductos de lo que parecía ser un sistema de drenaje demasiado elaborado, incluso para Thundera, por lo que asumió que no era realmente su función, posiblemente gente llegó habitar en algún momento esos pasajes.

Jaga le había contado la historia de civilizaciones anteriores a Thundera, tan o más esplendorosas, extintas en los largos conflictos que asolaron el Tercer Mundo.

Habían puentes y pasos a desnivel en aquel sitio, imaginó que eran los caminos bajo tierra que conectaban los edificios abandonados en la superficie, uno de esos edificios, era de donde Pumyra y los tigres que le servían, habían sacando esa enorme estatua de piedra.

-Vamos, no puedes rendirte ahora, nuevamente jaló a Lion-O, pero esta vez con brusquedad, se estaba impacientando por ese comportamiento indigno de un rey, hasta que se dio cuenta de la razón de que él no le pudiera seguir el paso, cojeaba de la pierna izquierda.

Pasó su mano por la superficie de la pierna herida de Lion-O, podía ver en un monótono color gris claro su propia palma, que inmediatamente asumió un color negro intenso manchándose con la sangre de la herida que sangraba profusamente.

-Descansemos un poco. Ella dijo sentando a Lion-O mientras le atendía.

De la bolsa de su espalda, extrajo un rollo de tela usado para vendajes, pensó que se había ocasionado la herida al descender, mientras la llevaba en brazos, no parecía un disparo, pues estos cauterizaban las heridas, sin asumir que fue la espada de Pumyra a quien Lion-O fue incapaz responder, apenas defenderse, la realidad es que estaba por tirar la espada cuando Cheetara le salvó la vida.

Quizás la clérigo lo negó en un principio, pero al caer del peñasco, pudo ver las lágrimas que salían de las cuencas de los ojos de Lion-O, que sufría por la impresión de ver a Pumyra en ese estado.

-Soy una estúpida, perdóname. Dejó caer sobre la herida un poco de agua y la cubrió con la tela que apelmazaba una mezcla de hierbas para desinfectar y proteger la herida.

-Ya no puedo salvarla, no puedo salvar a Pumyra, es una asesina. Murmuró Lion-O amargamente. Cheetara le abrazó quitándole la capa y la camisola negra que cubría sus brazos, dándole un beso en la frente apenada por lo sucedido.
Cheetara vendo a Lion-O que no tenía ganas de pelear.
-Voy a protegerte, no dejaré que ella te haga daño nunca más.

Él no respondió, se contuvo a sí mismo para no decir algo hiriente, pero deseaba desahogarse, incluso si ella no lo merecía. Ella recargó su cabeza en el cuello del felino, pegando su fina nariz, Lion-O no se sintió reconfortado, fue dolor lo que el contacto le ocasionó, o tal vez, una mezcla de ambos, aunque con el tiempo se dejó llevar por un calor que recorrió su cuerpo, mientras el dulce aliento oxidado de Cheetara inundó sus pulmones.

-Nosotros somos una familia y tú más que nadie mereces ser protegido. Cheetara lo mantuvo en sus brazos por varios minutos hasta que Lion-O miró hacia una de las entradas de esos conductos, apretando los puños, dio un profundo respiro, como si se obligara a regresar a la realidad, se separó de ella, hablado agriamente.

-¡No! Sigamos, quiero dejar este "apestoso" lugar de una vez por todas. Cheetara reaccionó con sorpresa ante ese rechazo y ese cambio de humor repentino, pero no protestó, siguiéndole sin quejarse.

Caminaron lentamente, la adrenalina de Lion-O disminuía y el dolor de la pierna iba en aumento, prendió una bengala al sentir un relieve, deseaba saber por qué había tantos en los muros de ese laberíntico complejo de túneles cambiando de opinión.

-¿Has perdido el juicio? Esos tigres podrían localizarnos.

-No creo que ellos nos persigan, lo que sea que estaban haciendo ya lo lograron y parece que es más importante que nosotros.

Cheetara no podía ver ningún relieve en la superficie de la pared, pues todo lo veía en un color monocromático, pero cuando la luz de la bengala inundó de claridad el lugar, se quedó maravillada.

-¡Es ese gigante!, Cheetara observó una escena donde aquella enorme estatua blanca tenía un rol central, rodeada de cientos de personas de largas y aplanadas caras.

-Parece que de aquí lo sacaron.

-Ella dijo que estaba buscando un disco, debe ser ese. Lion-O pasó la mano sobre la superficie de la pared en la que el polvo tapaba lo que parecía un chacal dando de tragar un disco a la estatua.

-Me pregunto qué dirá Tygra cuando le contemos sobre los tigres que vimos.

-¡Por los ancestros, no se lo cuentes! Lion-O habló en un tono que hacía pensar que era una orden.

-¿Por qué no?

-Necesitamos saber más antes de decir nada a nadie.

-Pueden hacerse invisibles como Tygra, no podemos ocultarlo por mucho tiempo.

-Hablaré con Panthro, él sabrá que hacer, Lion-O tomó de la mano a Cheetara y la llevó por otro conducto.

-Por aquí no es la salida.

-Lo sé, pero quiero ver el lugar de donde los tigres sacaron esa estatua.

Caminaron cientos de metros hasta que Cheetara empezó a notar la luz del Sol de medio día, había un largo tragaluz provocado –posiblemente- por la caída del techo, aunque cuando se acercó, determinó que se trataba de una excavación dejando una enorme horadación que subía a la superficie.

-¿Sabes quién es ella? Lion-O señaló la estatua tallada en una piedra compuesta de secciones azules y blancas cuyo rostro estaba parcialmente destrozado.

-No recuerdo haber visto nada parecido.

-Yo la he visto el día anterior, pero no era una estatua

-¿Qué... el día anterior? ¿Te sientes bien? Cheetara se preguntó si Lion-O no estaría delirando, la estatua era muy antigua, tanto que los murales tallados en la roca viva estaban erosionados por la humedad y las inundaciones que durante cientos de años pasaron por esos conductos.

-Fue una visión mientras vigilábamos a los lagartos.

-¿Por qué tendrías una visión de ella?

-No lo sé, pero apuesto que el disco que estaban buscando ella lo tenía en sus manos.

Cheetara observó detenidamente, los brazos de la estatua se extendían hacia el frente, faltaba una cosa que sostenía verticalmente, posiblemente un objeto de forma circular.

-Creo que sacaron la estatua de este lugar, pero se enojaron al ver que la piedra en forma de disco no estaba.

-¿Cómo lo sabes? Lion-O le mostró las marcas blancas en la tierra que disimuladamente salían por el conducto que vieron metros atrás.

-Esta cosa parece ser un altar ceremonial de piedra caliza. Lion-O le hizo notar que la base rectangular donde estaban parados, era parte de un altar cubierto de arcilla, depositada por sucesivas inundaciones.

-Tienes razón, lo extraño es que... parece que son dos. Ella apartó un poco la tierra del piso con sus pies y mostró otra superficie blanca.

-Este es más pequeño, como de nuestro tamaño, aunque no hay marcas, tal vez aquí colocaban a la víctima.

Como clérigo no podía dejar de reconocer los elementos típicos de una ofrenda de alguna clase.

-¿Sa-sabes quienes eran esas personas? Lion-O respiraba entrecortadamente.

-Jaga me dijo una vez que existían además de los Clérigos, una orden llamada Monástica, se encargaban del cuidado de los tesoros y… reliquias malignas.

-Sea lo que sea, no debemos dejar que lo tengan. Cheetara asintió, Lion-O avanzó seguido de la clérigo, quien le miraba fijamente, pues en todo ese tiempo él no la soltó de la mano, no se quejó, en cambio la apretó con la misma intensidad.

-Debemos regresar, ya discutiremos esto más tarde Lion-O. Pero él inesperadamente se quedó en silencio pensando en algo doloroso.

-¡¿Lion-O?! Cheetara se acercó a él, quien dio varios pasos hacia atrás soltándole de la mano, hasta que le arrinconó en la esquina de una pared, ella quería hacer lo único que estaba a su alcance, intentó abrazarle muy fuerte, tanto que no pudiese negar que en algún sitio de su corazón hubiese un espacio reservado solo para él.

Sin embargo su reacción fue todo lo contrario a lo que ella esperaba, le miró como a Pumyra, con esa expresión llena de miedo y decepción.

-Lo siento.

-N-no te presiones tanto Lion-O, cuando estés listo yo... estaré allí para ti. Cheetara se sintió incómoda con una desagradable opresión en el pecho, intentando conservar una buena actitud, desde luego ella tenía la misma sensación, esa barrera que se formó entre los dos, no desaparecería tan fácilmente.

####

En la zona montañosa cerca del desierto
Ese mismo día

Tygra y Cheetara habían abandonado sus puestos, Panthro les buscó entre los voluntarios.

-¿En el nombre de los ancestro, donde demonios se han metido?

La batalla fue dura, a pesar de las ausencias y gracias a esas extrañas guerreras de Avista, pudieron doblegar completamente al enemigo. Wily Kit y Wily Kat estaba cubiertos de hollín, una de las guerreras de nombre Mandora les dio cápsulas explosivas y adormecedoras que hicieron blanco en las naves de transporte de soldados.

-Deben estar bromeando, Panthro cargó a los cachorros en brazos cubiertos de una sustancia pegajosa de color rosado.

-Creo que nos emocionamos un poquito coleguita, dijo Wily Kat, mientras su hermana estaba impedida para hacerlo con esa sustancia pegajosa cubriéndole la boca, alzando el pulgar en señal de encontrarse perfectamente bien.

-Ustedes dos necesitan un largo baño.

-¡Noooo! Todo menos eso.

Al fragor de la batalla, Panthro pensó en la excesiva fuerza que uso contra sus enemigos, unas actitudes que Lion-O les hubiera reprobado, ni siquiera tuvieron que huir, la misión planeada por Tygra fue tan exitosa, que no hubo contraataque aéreo alguno.

Dobo intentó sacar junto con sus perros a Horus la paloma, atorado en el conducto de la turbina de uno de los transportes, nadie supo cómo llegó hasta allí o cómo sobrevivió, no quería hablar del tema, mientras los avistianos le hacían sonoras burlas, muchos exhibieron con orgullo los cadáveres de los lagartos, haciéndose fotos, eran sus macabros trofeos y la venganza por sus propias pérdidas.

-Esto se está poniendo cada vez peor. Panthro le dijo a Dobo.

-La moral sin un líder fuerte se deforma, son indisciplinado y crueles, en el fondo son capaces de las mismas bajezas que Thundera y los lagartos. Dobo se montó en uno de los contenedores de thundrillium junto con Panthro, cubriendo la retaguardia mientras observaban como ponían los explosivos para destruir el camino.

-Y que lo digas, Mumm-Ra no tiene que hacer nada, a este paso nosotros nos haremos peores. Panthro se sentó cruzando las piernas.

-Es que ustedes los machos requieren del toque femenino, sin una mujer que los guié están perdidos, incluso si es una fuerte y poderosa pantera o un leal y esbelto doberman, nos necesitan. Fedora hacía gala de su encanto tomando delicadamente una taza de té, Mandora en cambio, agradeció la promoción que su sensei hacía de ella.

-Tal vez tengas razón, como sea, nada lograremos sin un corazón sabio que nos guié, una espada no lo es todo. Mandora hizo una mueca ante el desaire de Panthro.

-Lion-O puede convertir una espada en un símbolo.

-Estoy de acuerdo, ese chico es especial, Dobo asintió y Fedora que observaba a una suplicante Mandora, alzó los hombros rendida.

-¡Puff! No puedo negarlo tampoco, lo siento princesita, Lion-O sigue siendo mi favorito.

-¡Todos son unos tontos ingenuos!, Mandora pateó con dureza el suelo, despegando de un salto.

-¿Qué le pasa? Preguntó la pantera

-Necesita... mejorar su campaña de promoción, o si no, Lion-O le va a hacer morder el polvo, ji, ji.

-"¡¿Lion?! Sí, han dicho Lion-O", una voz metálica salió del contenedor y comenzaron a golpear con fuerza.

-"¡He maldito, déjanos salir, da la cara ladrón!"

-¿Qué rayos? Panthro, Dobo y Fedora se sobresaltaron.

-¡Deténganse!, ladró Dobo a sus guerreros, deteniendo la caravana. Panthro y Dobo bajaron para abrir la puerta del compartimiento, que les mostró a decenas de seres del Tercer Mundo amarrados de pies y manos.

-Oh amigo, esto Lion-O debe saberlo. Panthro dijo con sorpresa.


sábado, 8 de diciembre de 2012

El poder de una ilusión - Pagina 3

En las ruinas de Avista
Ese mismo día

Las noches de esa región entre el desierto y las montañas, eran bastante frías, en el interior de Avista los berbils seguían su trabajo, los pobladores y sus nuevos aliados acamparon a las orillas donde los guardias hacían sus rondines con voluntarios entrenados en las mañanas por Panthro.
Cheetara y los cachorros esperaban sentados a la luz de la fogata, el regreso de Lion-O
-¿Te sientes bien guepardito? Dijo Wily Kit sentada con su hermano al lado de Cheetara, calentándose con el fuego de la fogata, mientras aguardaban el regreso de Lion-O.

-Espero que regrese pronto. Wily Kit le acarició su larga cabellera.

-Últimamente Lion-O ha estado muy triste guepardito, nadie nos han dicho nada, aunque no somos ningunos tontos, sabemos que esa chica le hizo mucho daño.

Cheetara asintió con la cabeza aferrando sus largas piernas con sus brazos que estaban hinchados por la caminata y el frío.

-Me preocupa mucho que pierda interés en su misión. Dijo con sinceridad, Wily Kit la pellizcó.

-¡Ey! ¿Por qué me pellizcas? Wily Kit la miró enojada.

-¿Y qué pasa con su corazón?

-Claro que me interesa lo que siente, de eso no te debería quedar duda.

-¿Y por qué huyó? Protestó la gatita cambiando de actitud.

-No sabemos si huyo en primer lugar Kit. Tygra y Panthro lo están buscando, estoy segura de que lo encontrarán.

-Pues parece que no han tenido suerte. Wily Kat miró hacia donde Horus, Panthro y Tygra con algunos guardias regresaron.

Cheetara se incorporó alarmada.

-¿Hay noticias de Lion-O?, Tygra negó con la cabeza.

-Me temo que no, al parecer Lion-O fue llevado al área médica junto a Snarf, pero se fue de ese lugar, la médico dijo que tenía lastimado el brazo, he hablado con el consejo y están de acuerdo en buscarlo y preguntar a los habitantes. Panthro se pasaba la mano por su cabeza, disculpándose con los cachorros.

-¡Iré a buscarlo! Cheetara se levantó, estaba agotada por el viaje, sin embargo exudaba preocupación por sus poros.

-¡No!, este no es el momentos de iniciar una búsqueda, debemos ir mañana. Tygra trató de razonar con ella.

-Iré de todos modos, tú puedes buscarle mañana si quieres.

-Entonces iré contigo.

-Puedo cuidarme perfectamente sola Tygra.

-Eres mi pareja, no puedes hacer simplemente lo que te... Tygra se detuvo antes de que dijese algo de lo que se arrepentiría.

Cheetara gruñó a su Tygra que por un momento sintió que había ido demasiado lejos. Los cachorros y Panthro miraron a otro lado, Horus por el contrario le gustaba el chisme y sus ojos estaban muy atentos.

-Escucha dulzura, no quise decir eso. Intentó corregirse.

-Si es así, enfócate en encontrar a Lion-O y menos en tratarme como de tu propiedad.

-¡¡Lion-O!! Wily Kit y Wily Kat gritaron cuando vieron a Lion-O regresando de su viaje, los dos corrieron a recibirle.

-¡¡Estábamos preocupados, creímos que habías huido!!

-¡¿Huir?! ¿Qué? ¡No! Bueno, al menos que yo sepa. Los niños se aferraron a sus piernas, manteniéndole en su sitio.
Lion-O apareció ya bien entrada la noche.
-¿Dónde estabas? ¿Estás bien? Cheetara corrió para ver el cabestrillo de su brazo, con su brazo sano cargaba a Snarf, quien estaba en mucho peor estado, ambos tenían golpes y magulladuras en su cara y brazos con algunos vendajes. Pasó sus manos por su rostro para ver más de cerca los golpes a la luz de las fogatas, Lion-O la tomó de la mano indicándole que no era necesario.

-¿Qué te ocurrió?

-No fue nada, estoy bien, siento haberles preocupados, he hablado con los guardias y les he dicho que no se preocupen, di una vuelta a la ciudad, estaba muy sucio y pasé al aseo, perdí la noción del tiempo.

-¿Sabes el tiempo que hemos estado buscándote, cómo puedes ser tan irresponsable? Tygra se adelantó a Cheetara intentado impresionarla.

-No soy un irresponsable y si me perdonan, ha sido un día realmente cansado...

-¡Ey Chico!, tenemos que hablar contigo, es importante, Panthro puso su mano sobre el hombro de Lion-O con una expresión seria.

-Bien, si no hay más remedio, ¿Cheetara, podrías encargarte de Kit y Kat?

-¿Lion-O, podríamos dormir contigo? Wily Kit preguntó haciendo gestos y sonidos gatunos, él asintió al comprender que los cachorros pensaban que se escaparía si lo dejaban solo.

-Voy a hablar con Panthro y les acompaño, de momento cuiden de Snarf. Wily Kit y Wily Kat sonrieron aceptando gustosamente la tarea, tomaron al felino que siguió en su mundo de ensueño.

-¡Vamos pequeños! Cheetara se llevó a los cachorros con ella a la tienda de Lion-O.

Lion-O escuchó el problema con Soul Sever sentado sobre un tronco.

-Está bien, hablaré con él.

-Y que pasa sobre la emboscada. Panthro insistió en el tema.

-¿Has pensado en algo?

-Pienso que podríamos plantar bombas en la punta del peñasco para provocar un gran derrumbe una vez que capturemos el cargamento y lo llevemos por uno de los caminos alternos, hemos elaborado una rampa para subir las naves con su cargamento al acceso que da al bosque negro y de allí al valle, algunos voluntarios han marcado el camino.

-Ya veo, aún así, alguien deberá ir a plantar las bombas a las aeronaves del enemigo para evitar un contraataque ¿no?

-Precisamente, los lugareños nos han dicho que hay un lugar debajo de los desagües de la antigua ciudad muerta, al parecer es el sitio en el que repostan las naves de los lagartos. Panthro le indicó con el mapa dibujado a mano, el lugar aproximado donde las aeronaves debían estar.

-¿Y quien irá? Lion-O preguntó con ingenuidad.

-Pensé en ir yo valiéndome de mi invisibilidad, aunque no hay necesidad, es una zona protegida de la luz, además, tanto Cheetara como Panthro pueden fácilmente moverse entre los peñascos de roca, yo dirigiré la operación, por lo tanto...

-O sea... en resumidas cuentas, debo ir yo. El semblante de Lion-O no cambió, como si no le importase.

-El terreno es ideal para ti, no tendrás problemas. Tygra dijo emocionado al dirigir su primera estrategia de batalla con tropas reales.

-¿Estás seguro de que podrás?  Panthro dijo con preocupación. Lion-O suspiró.

-Descuida, lo haré.

-¡Perfecto, ya está decidido! Tygra se frotó las manos.

-Aún así tengo una petición. Parecía que Tygra no tendría la oportunidad que esperaba para impresionar a Cheetara si decidía llevársela consigo.

-No es eso que piensas, Tygra se rió nerviosamente al ver que Lion-O descubrió sus intenciones. -Panthro, ¿podrías crear una alternativa a las bombas?

-¿A qué te refieres?

-Desearía solo desactivar las aeronaves, no destruirlas, sé que podrás hacerlo.

-Supongo, ¿pero por qué? Un momento... es por ella ¿verdad?, no quieres que resulte lastimada si está entre ellos.

-Serías tan amable de hacerlo por mi... te lo suplico. Lion-O se jalaba el pelaje de sus piernas con una voz cortada.

-¿Lion, crees que Pumyra te lo va a agradecer?, te matará en cuanto te vea, es mejor que... Panthro hizo un gesto a Tygra para que se callara.

-Muy bien, me pondré en ello con los berbils su majestad.

-Te lo agradezco General.

-Bien, si va a ser así, aún requeriremos de una distracción. Tygra analizó su estrategia.

-¡Un falso explosivo!, sí, como cohetes para la celebración que desconcierte y baje la moral tanto a las tropas de la caravana, como a los lagartos ocultos, pensaran que queremos atacarles. Panthro emocionado pensó en sus alternativas con los recursos a la mano, aunque Avista era una ciudad con todo tipo de productos químicos.

-¿Eso es todo General? Lion-O miró cansado.

-¡Sí su majestad! Lion-O no le corrigió la actitud tan respetuosa.

-Si es todo caballeros, debo descansar, no soy tan fuerte y vital como ustedes, debo dormir.

-¿Caballeros? Tygra se preguntó ante la adornada forma de hablar de su hermano.

-Eso mi amigo es una forma grandiosa de dejar a los tontos con todo el trabajo en sus manos.

Pero cuando Panthro regresó a ver a Tygra, este había desaparecido haciéndose invisible.

-¡Oh! La pobre pantera se dio cuenta que el único tonto allí, era él mismo.

-¡He, un momento! ¿A dónde crees vas? Panthro sonrió al ver a Horus emprendiendo la huida.

-Bien amigo, supongo que somos tú y yo.

-¡¿Cu?! La paloma respondió apesadumbrada.
Vaya par de tontos.


####

En la tienda de descanso
Una hora despues

Lion-O se moría de sueño, no podía creer como ese par de cachorros roncaban incluso más que Snarf, quien golpeaba al aire con sus patitas, se preparaba para dormir, necesitaba de un poco de sueño.

Fue sorprendió cuando alguien inesperadamente abrió la entrada de la carpa; Cheetara.

La felina se acostó a su lado con su cobertor.

-¿Estás segura que Tygra no se enojará, podría malinterpretarlo...?

Ella no respondió dándole la espalda ocupando uno de los cobertores envueltos.

-¡Ajum! Se han vuelto a pelear ¿no? No deberías enojarte, siempre ha sido así.

-Quiere mandarte a un lugar peligroso, me ha prohibido ir ¿quien se cree que es?

-No pienso que sea por sus celos. Lion-O bostezó.

-¿A qué te refieres? Cheetara se volteó mirándole a la cara.

Frotándose los ojos le respondió con mucho sentido común.

-Imagino que quiere impresionarte, una oportunidad para salvarte y ser el héroe del día. Movía su dedo de un lado a otro con una falsa sabiduría.

-Esto es una misión importante, es una verdadera estupidez. Lion-O se sintió atraído a ayudarle, supuso que tenía que ver con los efectos secundarios de ese poder que Mandora usó en él, al sin éxito seducirlo, es por eso que pensó en Tygra y su inseguridad, a pesar de ser alguien que parecía ser perfecto.

«Hermano, esto me lo tendrás que agradecer luego» Pensó para sí, al echarle porras con esa chica que un día pensó le quería.

-Tygra siempre ha sido así, ha basado su vida en impresionar a las personas y poco en hablarles o entenderles, su estrategia está perdiendo fuerza, por eso luce desesperado.

La guepardo puso su mano sobre su mejilla, aunque el gesto no pareció gustarle, no se quejó.

-¿Y qué pasa contigo?

Luego de unos momentos le respondió.

-Quiero salvarle, no dejaré que las palabras de Mumm-Ra me desanimen, he visto algo de bondad en ella... debo intentarlo.

Cheetara no se lo recriminó, eran la clase de cosas que Lion-O hacía, pero deseo que fallara desde el fondo de su corazón.

-¿Estás preparado si las cosas no salen como quieres?

-No tengo una respuesta.

-Sea cual sea el caso, recuerda que estoy aquí para ti, cuidaré de ti como Jaga me lo pidió.

Esas palabras cambiaron el humor de Lion-O apartando su mano.

-¿Lion-O?

-Deja eso Cheetara, yo no necesito esa clase de apoyo, te agradezco que me ayudes, pero ya no tienes que seguir las órdenes de Jaga, puedo cuidarme solo.

Cheetara se dio cuenta que había desperdiciado una gran oportunidad.

-¡Duérmete!, tenemos trabajo que hacer. Lion-O le dio la espalda y se ocultó tras su frazada.

La guepardo hizo un puchero y enojada se volteó, dándole la espalda también, hasta que una mano apareció con un collar colgando de sus dedos.

-¿Qué...?

-Toma. Cheetara recogió el collar.

-¡¿Para mí?! Lion-O dejó escapar suavemente un collar discreto de plata, con un aro de oro y un ojo de cristal incrustado en el centro.

-Es para la buena suerte, me lo dio una señora muy amable, me dijo que me ayudaría si alguna vez estaba en problemas, no sé a qué se refería, creo que los collares no van conmigo, así pensé que a ti te gustaría.

-Nunca he usado ninguno... gracias. A punto de dormirse, retrajo su brazo,

-¿Lion-O?

-Dime.

-Voy a protegerte, te lo aseguro. Ella se acercó y por un momento pasó por su mente besarle la frente, por desgracia, Lion-O le mostraba no estar listo, en vez de eso, decidió acariciar su roja cabellera.

-Está bien, está bien, que no se te suba a la cabeza.

-Bobo. Cheetara sonrió sacando levemente la lengua.

Lion-O finalmente sonrió y se quedó dormido respirando pausadamente. Cheetara examinó detalladamente el collar cuyo centro era un cristal azulado, sabía cómo se usaba, al presionarlo atenuaba la oscuridad circundante, una especie de antorcha mágica que ampliaba las capacidades de visión de su portador, apreciando detalladamente el rostro apacible de Lion-O en un tono de color monocromático después de un día agotador, una idea pasó por su mente al ver esa imagen, algo que no había experimentado en años, se sentía como una familia.
Se recostó muy cerca del rey, lo suficiente para compartir el mismo calor que los cachorros y Snarf, quienes se le pegaron con el intenso frío nocturno de la región.

El collar le trajo gratos recuerdos de su infancia cuando paseaba libre entre los bosques del oculto reino de los guepardos. Se puso el collar en su cuello y lo mantuvo entre sus dedos, se preguntó qué sería de su futuro, el futuro de todos, entonces pensó en su madre, en su hermana, en lo que estarían haciendo en aquellos momentos, y así, se durmió al lado de Lion-O tranquilamente.


####
Entrada del bosque negro
El día siguiente

No pasaron muchas horas antes de que se despertaran, Lion-O dejó la tienda primero cubriendo con su frazada a Cheetara, quien parecía pasar mucho frío. Wily Kit y Wily Kat estaban hechos pelotas de pelo, maullaron cuando sintieron que la frazada se levantaba, por lo que él se deslizó con cuidado.

Tygra, Panthro y Dobo ya estaban esperando sobre las naves, Ro-Bear-Bill llevaba a varios de los berbils que fueron subidos por perros y aves, Tygra estaba de un humor especialmente desagradable, quería hablar con Lion-O, este ya estaba listo para partir, así que no insistió.

Esta vez Anet y Aburn se quedarían, Lion-O les pidió que cuidaran de los cachorros, aunque eran bastante despistados, que insistentemente tuvo que repetir la orden que olvidaban como si de un tema de orgullo nacional se tratase.

El plan de Tygra y Panthro consistía en seis pasos;

Minar los nidos de metralletas usando cohetes, atacando por aire.
Tirar las columnas a los lados del camino para evitar que las naves de los lagartos asidas a grandes contenedores escaparan.
Usar una cortina de humo confundiendo al enemigo.
Asegurar las naves que tengan contenedores y lanzar por los peñascos las naves de tropas.
Llevar las naves con sus contenedores hasta el cruce de camino y desviar el cargamento.
Una vez hecho, destruir el camino entero para impedir el paso de futuros cargamentos de suministros lo que sería un duro golpe para las tropas de tierra de los lagartos.

El punto a su favor, era que gracias al peso de los contenedores, las naves tenían que volar cerca del suelo y eso los volvía objetivos tan apetecibles que necesitaban ser vigilados constantemente con patrullas aéreas y puestos fijos, el lugar de la emboscada por su estrechez.

Lion-O vistió ligero con una capucha oscura. Pasaría por los fosos de una antigua ciudad de la que no quedaba memoria, salvo por algunos de sus restos desfigurados por el paso de miles de años, devorados por el avance de los vigorosos bosques negros, delimitados por el cambiante río que cruzaba la región.

-Es un bonito collar, Tygra besó en la mejilla a Cheetara, sin mucho tacto, quien se despertó cuando todos estaban ya fuera listos para el viaje, siendo llamada por este casi al último.

-Ohhh esto... síii, pues verás, Lion-O me lo regaló, al parecer alguien se lo dio para la buena suerte y pensó que... ahhh me gustaría. El rostro de Tygra era todo menos amable.

-Espero que su reflejo no atraiga a ningún enemigo, deberías guardarlo en un lugar más... seguro. La guepardo suspiró al notar el tono celoso de Tygra.

-¿Dónde está Lion-O?

-Está por salir.

-¿Va ir solo? Pero pensé que...

-Le dije que fuera con Dobo, se negó, él dijo que podía hacerlo.

-¿Y tú le creíste?

-Escucha bebé, nosotros llevaremos la peor parte, él solo tiene que poner esas cosas en las naves de los lagartos, uno de los pobladores lo guiará hasta la entrada de la gruta donde esos niños ratas escucharon el sonido de las naves, tendrá que escalar un poco en piedras arcillosas, poner el señuelo y regresar al amparo de la oscuridad.

-¿Eso es todo, no querrás que de paso acabe con Mumm-Ra y salve al Tercer Mundo?

-No empieces, es muy temprano para discutir.

Tygra intentaba minimizar lo que su hermano haría, como Lion-O le había hecho notar la noche anterior, trataba de impresionarla en batalla supliendo sus defectos en su labia y no quería que la gloria de otros interfiriera.

Lion-O caminó y se estiró un poco, la espada y su garra no estarían asidas sobre su armadura habitual, sino amarradas sobre cuero. Sin su armadura se sentía muy desprotegido, lo pensó con detenimiento y llegó a la conclusión de que el sigilo importaba más. Con una señal le indicó a un ratón rechoncho de un curioso ropaje, que estaba listo.

Cuando caminó hacia el bosque, Cheetara apareció frente a él cortándole el paso con una gran sonrisa en el rostro, dejando que su natural sensualidad le envolviera.

-¡Cuídate, no olvides con quien estas tratando! Él, sin apenas inmutarse, asintió, como si ya no le intimidasen esa clase de acciones de la clérigo.

-Lo haré.

Estaba asombrado con lo distinto que eran ahora las cosas, antes hubiera saltado de alegría al ver tanta atención de esa chica que le rompió una vez el corazón, ya no se sentía de la misma manera. Si pudiese rescatar a Pumyra seguramente las cosas volverían a ser las mismas de siempre, era lo único a lo que se aferraba.

Fue cuando Mandora apareció volando sorprendiendo a Cheetara.

-Oh no, no puede ser, dijo Lion-O, que pese a su capucha fue reconocido por esa mujer.

-¿Puedo ir contigo dulce principie? Habló en un tono presumido, aterrizando suavemente y con una mano sobre su cadera dejó que el viento meciera su cabellera dorada, intentando dejar una fuerte impresión en él. Cheetara describió una  "o" con sus labios.

-Ehhh, me ayudarías más si... pelearas en el frente, eso, a donde voy... tus alas serían un inconveniente. Ella puso el dedo índice que sobresalía de su guante rojo en la punta de la barbilla.

-¡Hum! No deberías dudar tanto de mis capacidades después de la paliza que te puse ayer, Ji, ji. Mandora le mostró la lengua en una pose coqueta.

-¿Quién eres tú? Preguntó calmadamente Cheetara.

-Yo... hmm... tu reemplazo, ¿quién más? Mandora retomó el vuelo con una sonrisa malévola, Cheetara miró a Lion-O a los ojos.

-No le hagas caso, es un poco... pesada. Lion-O sentía el escozor de los golpes de su reciente batalla, no le parecía una mala opción como compañera de viaje, su único problema es que a penas se conocían y no era alguien acostumbrada a decir la verdad.

-Tú no pierdes el tiempo, ¿no es así Lion-O? Cheetara hizo una mueca de sorpresa.

-Por favor...

Fedora y sus alumnas pasaron de largo volando, ella hizo una reverencia que Lion-O respondió.

-¿Quienes son ellas?

-Larga historia, no es importante en estos momentos. Lion-O notó el collar que él le había regalado y se sintió halagado.

-¿Estás seguro de que no quieres que Dobo te acompañe?

-Voy a estar bien Cheetara, la que debe cuidarse eres tú, va a ponerse muy caliente el ambiente, no bajes la guardia.

-Lo haré, así que regresa pronto sano y salvo. Ella le dio un beso en la mejilla, aunque la respuesta de Lion-O fue fría, parecía menos distante que el resto de su estadía en Avista.

Cheetara se alejó caminando despacio como pensado sus pasos y luego por alguna razón salió como alma que llevaba el diablo elevando una tolvanera de polvo.

-¿Y ahora que le pasa? Lion-O cerró los ojos ante tal muestra de velocidad.

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Corredores del valle del bosque negro
Tiempo después

Tygra se impacientaba esperando, Panthro se había adelantado junto con Dobo, sus gladiadores y un grupo numeroso de aves voluntarias que se preparaban para la emboscada, hasta que Cheetara apareció con una bolsa a su espalda parecida a la llevada por Lion-O.

-¿Dónde estabas?, nos estás retrasando.

-Voy a ir con Lion-O.

-¿Quéee? ¡No! Es decir, Lion-O... puede manejarlo solo.

-¡Tengo que ir!, presiento que algo malo va a ocurrir, por favor, continua sin mí. Cheetara no le besó en la boca, sino que como una amiga, en la mejilla, él se hizo hacia atrás.

-¡¿Por qué haces esto?!

-Es mi deber de clérigo y quiero hacerlo. Ella sonrió, trató de alcanzarle, Tygra reaccionó con enojo.

Por un momento, Cheetara observó dos colas felinas moverse a toda velocidad sobre el vehículo que desaparecieron casi instantáneamente.

-¡¿Hummm...?! Bueno... estaré de regreso pronto, tú también cuídate.

 Ya no era solo preocupación e inseguridad, también sus celos estaban a flor de piel, ¿por qué había cambiado tan de repente su actitud hacia él?

-¡Cheetara, espera! La guepardo hizo gala de su velocidad desapareciendo casi en el acto

Wily Kit y Wily Kat se colaron en la nave y en silencio sonreían, ellos no iban a perderse la pela del siglo.

Las naves que transportaban las armas descendieron a la entrada de los peñascos, de allí todo sería a pie y muchos tenían que ser ayudados, la gran mayoría de las aves tenían alas atrofiadas por su vida citadina, aún así, querían ayudar a proteger y aprovisionar su ciudad.

-Ustedes pequeños polizontes deberían saber esconder bien la cola. Una voz femenina surgió por encima de ellos y los alzó de sus piernas como un par de conejos siendo alzados por un águila.

-¡Uoooaaahhh! Creo que nos han descubierto Kit.

-¡Booobo! ¡Deberían darte un premio por notaaaaarlo!


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